Las torres vigía de la provincia de Castellón

Torre Nostra

Esta última semana he estado en la provincia de Castellón, así que tendré que dejar de lado los palacios navarros del siglo XV. eso sí, no me olvido de las construcciones del siglo XV, ya que aquí, en la costa de Castellón, existen unas torres-vigía bastante desconocidas, fechables entre los siglos XIV y XVII, y que tenían como misión la defensa de la costa frente a los ataques de la piratería berberisca.

Hay algunos paralelismos con las construcciones navarras de la época, tanto en proporciones como en elementos constructivos. Estas torres, de planta cuadrada, por lo general tienen unas dimensiones similares a las de las torres principales de los palacios bajomedievales navarros, aspilleras, matacanes… Toda la costa valenciana está plagada de estas torres, al menos en la zona de la Plana Alta, que es donde yo estoy pasando las vacaciones. Pongo el centro en la Torre Real del cabo de Oropesa. Desde allí, hacia el Norte, las torres que nosotros visitamos son las de Torre la Sal y Torre Nostra, que están en dos de las playas que más nos gustan de esta zona. Entre medio de ambas, en el maravilloso parque natural del Prado de Cabanes, se pueden encontrar las torres de los Gatos, Torre Carmelet, Torre del Carmen y la iglesia fortificada de Albalat. Hacia el Sur de Oropesa, después de la Torre del Rey, se encuentra la Torre de la Cuerda, la Torre Colomera, la Torre de San Julián, la Torre de San Vicente y la Torre del Grao de Castellón. Es decir, doce pequeñas torres defensivas entre Torreblanca y Castellón de la Plana.

Los ataques berberiscos a la costa castellonense debieron de comenzar en el siglo XIV, y desde entonces comenzaron a darse diferentes medidas defensivas y ofensivas para contrarrestar esa violencia: edificación del sistema defensivo de torres en la costa, construcción de flotas defensivas, y ataques a los centros más importantes de piratería en el Norte de África. El siglo XVI ha sido considerado el siglo de plata de la piratería en el Mediterráneo, y su influencia en el imaginario popular llega hasta hoy en día, a través de la conocida expresión “moros en la costa”.

Cinco hombres solían vigilar en cada torre, procedentes de la vecina villa de Oropesa, que en ocasiones estuvo dispensada por ello de acudir a la Milicia: “cuando los soldados o guardas sean cuatro con el artillero, como en la fortaleza de Orpesa, la guardia de la noche será como en el capítulo precedente…”. En fin, me encanta lo de “la guardia de la noche”… Sin embargo, la función más importante de las torres era la de la comunicación por medio de señales luminosas, que avisaban de los ataques.

Aunque en la España del siglo XVI el peligro de un ataque frontal turco a las costas del Levante se consideró real, éste nunca llegó a producirse. Para ello se fortificaron las villas más importantes, donde un ejército grande podría desembarcar. Se temía incluso a la colaboración con los piratas de la importante minoría mudéjar que trabajaba en Levante, hasta el punto de que se dictaron disposiciones que impedían a los mudéjares acercarse a barcos o incluso a la costa, bajo pena de galeras en el caso de contravenir la norma. Sin embargo, lo que sí fue una realidad fueron los ataques de la piratería contra villas costeras de menor importancia, como el saqueo de Torreblanca en 1397, el saqueo de Cullera de 1503, y en la época de Barbarroja, los ataques a Xixes, Denia, Parcent, un nuevo ataque a Cullera en 1532, o los asaltos a Oropesa en 1519, 1534 y 1539. También las costas valencianas fueron objetivos del pirata Salah Rais, con el asedio de Vila Joiosa de 1538 y el ataque a Vinaroz de 1545. Por todo ello no es extraño que Carlos V se decidiese a atacar y conquistar Argel, uno de los puertos de origen de la piratería (1541), o que se construyese la imponente armada que participó en la batalla de Lepanto (1571).

Los turistas que veranean en las playas de Torre Nostra o Torre la Sal no suelen fijarse en su presencia, pero allí están. No obstante, la torre abre al público partir de las 19:30 h. y la podrían visitar en un rato libre. Torre la Sal está musealizada en su exterior, con unos paneles explicativos y unas pasarelas de madera. Esta playa y su entorno se salvaron de la destrucción total gracias a la aparición de un gran poblado íbero, cuando ya estaba proyectada la continuación de Marina d’Or hacia el Norte, je, je. No sólo se salvó la Torre y el yacimiento, sino también un maravilloso entorno natural alrededor. A veces pasan estas cosas.

Cuelgo aquí una par de fotos que he ido haciendo entre mi tiempo de baño, sombrilla y chiringuito.

Torre la Sal
Publicado en Historia, Historia Medieval, Patrimonio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El castillo de Marcilla

La visita de esta semana la hacemos al castillo de Marcilla, ya que estamos en fiestas de Falces y nos viene muy a mano. Además, estamos en tierras de los marqueses de Falces, agramonteses, en guerra abierta contra los condes de Lerín -que en Falces lo tenemos aquí al lado, al otro lado, al Oeste- así que el contundente castillo de Marcilla es una prueba de que el enfrentamiento entre el líder del bando beaumontés, el conde de Lerín, y el líder del bando agramontés, el marqués de Falces, iba muy en serio.

Pero hoy no hablaré mucho del castillo de Marcilla como construcción, ya que es de sobra conocido: está en medio del pueblo de Marcilla, y hasta uno de los actos más emblemáticos de la localidad, “el campeonato de lanzamiento de rabiosa (azada)”, se celebra en sus fosos. Además, en los últimos años la leyenda de Ana de Velasco y de su defensa del castillo frente al invasor coronel Villalva, se ha vuelto a poner de moda, y muchos Colegios navarros van a visitar el castillo en masa, aprovechando que su entorno está ajardinado.

Hoy el castillo es una dependencia visitable, propiedad pública, declarada bien de interés cultural, y restaurada entre los años 2008 y 2012 (ver detalles sobre la restauración en https://www.navarra.es/…/3…/222110/castillo_restauracion.pdf). Su perímetro de planta cuadrada, con sus muros y sus fosos se visita libremente. Para visitar el interior, con su patio de armas y la capilla con pinturas originales del siglo XVI, restauradas en 1999 (ver artículo de Josér Sagasti y Blanca Sagasti en Príncipe de Viana, 2001, 224), hay que llamar al ayuntamiento, concertar cita guiada o incluso teatralizada. Fue construido por Pierres de Peralta “el viejo” (el padre del “famoso” y “malvado” Pierres de Peralta, el joven, asesino del obispo de Pamplona Nicolás de Echávarri, en 1468, que escandalizó a Navarra con ese acto), hacia finales del reinado de Carlos III. He localizado una xilografía preciosa del castillo en la Biblioteca Digital Navarra, hecha a partir de un dibujo hecho por F. Ruiz en 1867, donde se ve el castillo con una fisionomía muy diferente de la actual: en aquella época eran las torres las que estaban almenadas, y en cambio el remate de los muros entre las torres estaba hecho sobre la actual barbacana (una típica barbacana de la época, similar a la del palacio de Arazuri), elevando así un piso más la altura del palacio, que estaba techado entre las torres, y no almenado como ahora. Además, la entrada al palacio tenía un pórtico cubierto con dos pisos, que hoy se ha perdido. Pongo una foto actual para que comparéis y saquéis vuestras conclusiones sobre el paso del tiempo y la restauración de 2012. La xilografía lleva por título “Castillo de Marcilla, donde estuvo presa doña Blanca de Navarra”, en referencia a la hermana del Príncipe de Viana, cuyos derechos al trono navarro fueron postergados al igual que los de su hermano. Veréis que el palacio medieval era mucho más hermoso que el actual, al menos así opino yo. Espero que la contundencia de sus muros actuales le permita perdurar al menos otros 500 años más.

Pero sin duda la historia del castillo de Marcilla va ligada a la leyenda de Ana de Velasco, casada con Alonso Carrillo de Peralta y Acuña, primer marqués de Falces, nieto de Pierres de Peralta, el joven, y del poderoso arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo de Acuña. Lo interesante del caso es que el título de marqués de Falces se lo concedió Fernando el Católico a Alonso Carrillo en 1513, es decir, sólo un año después de la conquista de Navarra, como recompensa a su fidelidad (ojito, porque era el líder de los agramonteses, entonces en teórica rebelión). Por su parte, Ana de Velasco era castellana, hija de Luis Fernández de Velasco (que era hermano del condestable de Castilla Pedro Fernández de Velasco), y de Ana de Padilla, hija a su vez de Juan López de Padilla Sarmiento, Adelantado Mayor de Castilla. Es decir, Ana de Velasco pertenecía a la más alta nobleza castellana de la época.

El origen de la leyenda tiene que ver con la destrucción que los castellanos hicieron de algunos castillos navarros. El proceso se dio en dos momentos diferentes, en 1512, después de la conquista, por orden de Fernando el Católico, y en 1516, por orden del Cardenal Cisneros. La primera destrucción se dirigió a castillos reales con funciones defensivas y estratégicas, como los de Leguín, Cáseda, Castillonuevo, Aguilar, Cábrega, etc… hasta casi una veintena de ellos. Lo cierto es que -según Lacarra- muchos de ellos debían estar ya en un estado ruinoso. La segunda tanda de destrucciones fue desigual, y si dirigió a ciudades o villas amuralladas (Martinena cuenta maravillosamente el proceso en su libro Castillos reales de Navarra, p. 97 y ss). El Cardenal Cisneros justificó la destrucción de castillos porque “era cosa muy dificultosa haver de poner en cada lugar gente de guarda”, es decir, que no había soldados para tanto castillo, y estratégicamente no se consideraba conveniente tener tanta fortaleza vacía. El coronel Villalva, que dirigió el proceso, acabó alardeando de la eficacia de su tarea, al sostener en una carta al propio Cardenal, que “Navarra está tan baxa de fantasía después de que Vuestra Señoría Reverendísima mandó derrocar los muros, que no ay ombre que alçe la cabeça”.

En realidad el proceso de 1516, llevado a cabo por Antonio Manrique, duque de Nájera, se dirigió contra las murallas de Tudela, Olite y Tafalla, Lumbier, Mendigorría y Lerín, es decir, tanto villas agramontesas como beaumontesas. El propio conde de Lerín, líder procastellano de los beaumonteses, debió de protestar por estas acciones. Sin embargo, la ejecución en la práctica de las órdenes de Cisneros no se hizo igual en todas partes. El trabajo de demolición habría sido enorme, así que se hicieron trabajos parciales: se abrieron agujeros en los muros, se desmocharon torres, y en definitiva, se acabó con la eficacia de algunas de estas fortalezas. En cambio, los castillos o palacios nobiliarios no fueron desmantelados (la prueba es que han durado hasta hoy en día y que yo puedo ir haciéndoles fotos). Quizás con dos excepciones: los palacios nobiliarios de Javier y Marcilla, ambos agramonteses, sí fueron objeto de la intervención castellana en 1516. En el caso de Javier, eso sí, teniendo en cuenta que se trataba de una residencia nobiliaria, se eliminaron sólo los elementos defensivos, como indicaba el propio duque de Nájera: “he de advertir que el Cardenal ordenó la demolición de la casa entera, y que sin embargo se redujo a demoler la parte fuerte d’ella […] El resto […] fue conservado para que lo pudieran habitar”.

Algo similar, sin duda, habría ocurrido en Marcilla sin la intervención de la marquesa de Falces. La resistencia de la marquesa de Falces, hija de Luis Fernández de Velasco y de Ana de Padilla quizás no necesitara ser tan heroica como la han pintado. Lo que quiero decir es que el coronel Villalva, castellano como la marquesa Ana de Velasco, seguramente podría verse intimidado por la presencia de una noble castellana de tan alta cuna, a la cual seguramente también, reconocería. Es más, la capacidad de negociación y persuasión de los marqueses de Falces con el duque de Nájera, sin duda sería grande, más aún si se trataba de conservar intacto su palacio, que además era su vivienda habitual. Una capacidad de negociación que sin duda, no tuvo el señor de Javier, Miguel, cuyo carácter era claramente rebelde, y que no tenía lazo alguno con la nobleza castellana.

La cuestión es que no acabo de localizar por ninguna parte el origen de la historia de Ana de Velasco, que todo el mundo hace partir de los Anales del Reyno de Navarra, de Franciso Alesón, redactados a comienzos del siglo XVIII. De hecho, Alesón no cita su fuente, y parece plantear hipótesis en función de lo que se decía en la época sobre el asunto. Así, el cronista Francisco de Alesón se hizo eco de algunas leyendas sobre la muerte del coronel Villalva, que habría fallecido envenenado por el conde de Lerín, después de invitarle éste a cenar, o que quizás habría muerto por empacho, como castigo divino por haber retado a San Martín en Estella, al decir “San Martín, San Martín, alto estás, pero yo te abajaré”. Estas dos leyendas de Alesón fueron metidas en la coctelera de los románticos navarros eúskaros, en concreto por Navarro Villoslada, que escribió su relato legendario “El castillo de Marcilla” a mediados del siglo XIX, donde se novelaba o “inventaba” sobre la figura de Ana de Velasco. De ahí bebió Hermilio de Olóriz para publicar su poema “La heroína”, en el que el malvado coronel Villalva muere por aparente acción divina:

Villalba allí no murió;
pero su audacia insolente,
tan humillada quedó,
que, al volver de su accidente,
a Estella se retiró.

[…]

Si fue milagro, no sé;
pero de su gloria el brillo
en Marcilla hollado fue:
¡juró arrasar el castillo…
y el castillo sigue en pie!

(Publicado el 13 de agosto de 2019 en Facebook)

Publicado en Historia de Navarra, Historia Medieval, Patrimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Palacio de Equísoain

En la excursión de este fin de semana no ha habido tanta suerte como en otras y no puedo poner una buena foto, lo siento; la foto es de lejos. Esta vez la visita fue al palacio de Equísoain, muy cerquita de Monreal, subiendo hacia las faldas de la Higa por el lado Noroeste. El palacio queda ahora dentro de una gran finca vallada, dedicada a usos agropecuarios, y no hemos podido pasar a verlo. Si no me equivoco, sus propietarios son Luis Guillermo Perinat y Elío, y su hijo, en fin, los marqueses de Perinat, y la hija, Eli Ana Perinat y Escrivá de Romaní, esta última heredera del título navarro de la baronía de Ezpeleta, de donde supongo les viene la propiedad del palacio.

La construcción de este palacio sólo puede entenderse como parte de la locura en la que cayó Carlos III en sus estancias en Francia. Al parecer quedó fascinado por la magnificencia de la corte Valois y de sus nobles, y quiso reproducir el modelo en Navarra: grandes palacios para la realeza (Olite y Tafalla), y un entorno nobiliario esplendoroso con nobles cortesanos que contaban con muchos títulos; de ahí los señoríos dados a los Enríquez de Lacarra, el vizcondado de Valderro, para Beltrán de Ezpeleta, el condado de Lerín a Luis de Beaumont, el vizcondado de Valdizarbe, para Leonel, su medio hermano. Y de aquellos barros… en fin. Pero claro, para ser una nobleza esplendorosa, también debía contar con palacios propios, igual que la nobleza francesa, no íbamos a ser menos aquí. Por eso parece que el propio Carlos III promovió y financión la construcción de algunas residencias nobiliarias, como el palacio de Equísoain, que su hijo bastardo Lancelot de Navarra, se hizo construir en las faldas de la Higa de Monreal, aunque previamente ya se había construido otro palacio (de mayores dimensiones aún), en Arazuri (el palacio de Arazuri que visitamos la semana pasada).

La cuestión es que Lancelot, teniendo ya un palacio más grande en Arazuri y una residencia en Pamplona, no debió de pasar mucho tiempo en su palacio de Equísoain, construido al parecer para controlar sus señoríos en la zona. O sea, que fue un despilfarro este palacio en el monte, quizás para residencia de verano, más cerquita de Olite y de Tafalla. Y… bueno, esto hasta hoy: No parece que este palacio haya tenido demasiado uso a lo largo de la Historia. ¿Quién va irse a vivir hasta allí? De hecho, es otro palacio que no cuenta con carretera para llegar hasta él. Hoy está vallado y con un claro mensaje de “no pasar”, así que no pudimos acercarnos (pongo una foto de Eduardo Argote a falta de fotos mías). Eso sí, hace unos años el palacio fue restaurando parcialmente, al menos en su techumbre, por iniciativa de sus propietarios, y con un informe magnífico realizado por Javier Martínez de Aguirre, cuyos resultados publicó en “castillos de España” y son consultables (https://www.ucm.es/…/584-2015-03-05-MARTINEZ%20DE%20AGUIRRE…).

Señalar que al parecer, en su tesis, Asirón había ofrecido una cronología anterior para el palacio en función de algunos de sus elementos ornamentales, pero la demostración de Javier Martínez de Aguirre de que fue construido a comienzos del siglo XV es magnífica. Especialmente gracias al hallazgo durante la restauración de un remate en vano con la inscripción “Martyn de Grecyeta me fecit”. Así cualquiera lo data, je, je, ya que Martín de Grecieta o Guerecieta fue un cantero que trabajó en las obras del palacio de Tafalla y por tanto, perfectamente localizable.

De menores dimensiones que el palacio de Arazuri, tiene elementos ornamentales que emparentan ambas construcciones. El artículo de Javier Martínez de Aguirre me exime de dar mayores detalles. Recomiendo vivamente su lectura. ¡Es muy bueno!

(Artículo publicado en Facebook el 3 de agosto de 2019)

Publicado en Historia de Navarra, Historia Medieval, Patrimonio | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El palacio de Arazuri

La visita de este fin de semana ha sido mucho más cómoda. Puedes acceder en coche tranquilamente hasta la puerta del palacio de Arazuri, que está en la parte superior del pueblo (Arazuri), frente a la Iglesia. El palacio de Arazuri es una prueba más del poderío de la nobleza bajomedieval navarra, que construyó estos palacios tan imponentes en el siglo XV.

El de Azaruri es interesante porque conserva totalmente la estructura de la época, con sus cuatro torres en los ángulos. Aún hoy uno de los lienzos de muralla conserva una bonita barbacana, y por todo el edificio se aprecian elementos arquitectónicos propios de este tipo de arquitectura: un matacán amenazante en la torre, ventanas geminadas de arcos apuntados, trilobulados algunos, aspilleras en distintos pisos, incluido el bajo, y los modillones de la cornisa de la torre principal, que sostenían una techumbre hoy perdida.

La historia de este palacio es conocida. Su origen está vinculado a Lancelot de Navarra, hijo bastardo del rey Carlos III, que al parecer heredó de su padre el gusto por las construcciones. Más adelante el palacio cayó en manos del linaje Beaumont, y suele ser citado como punto de abastecimiento del ejército invasor en la conquista de Navarra en 1512. El palacio ha estado habitado a lo largo de la Historia de manera continuada, y en la actualidad una parte del palacio es una vivienda de uso privado. Eso sí, hay partes del palacio, como la torre, en desuso y en un cierto abandono.

(Artículo publicado en Facebook el 29 de julio de 2019)

Publicado en Historia de Navarra, Historia Medieval, Patrimonio | Etiquetado , , | Deja un comentario

El palacio de Guenduláin

A poco más de un kilómetro de la autovía del Camino, cerca del pueblo de Galar, y situado sobre la balsa de Guenduláin y el propio Camino de Santiago (que poco a poco va ascendiendo hacia el puerto de El Perdón), se sitúa el señorío de Guenduláin, del que quedan hoy sólo los restos del palacio, la iglesia y el cementerio. Fue en su momento una pequeña aldea que llegó a tener más de 20 casas, aunque hoy carece de acceso para coches, e incluso el camino a pie es un poco dificultoso por la invasión de la maleza (¡y en especial de las ortigas!). El señorío, en origen feudo de la familia Ayanz, continúa siendo propiedad nobiliaria, de la familia Mencos, condes de Guenduláin, marqueses de Eslava y algunas otras cosas más. Lo siento, pero no controlo quién lleva cada título en la familia.

El palacio es imponente, aunque un tanto desconocido para la gente de Pamplona. La familia Ayanz lo construyó a comienzos del siglo XVI. De hecho, en aquellas fechas en Navarra fueron los nobles quienes realizaron todas las construcciones importantes, ya que los reyes andaban un poco justitos de dinero. El poder de la nobleza queda claro aquí, al rodear el palacio-castillo de Guenduáin. Esta es la época de construcción de muchos palacios-castillos nobiliarios, que fueron los culpables de la guerra civil que asoló navarra de manera intermitente entre 1450 y 1529.

En este palacio nació el genial inventor navarro Jerónimo de Ayanz, que primero dejó su huella como soldado por media Europa, en los tercios españoles. Su colosal fuerza le hizo famoso, y le permitió pasar a la posteridad al ser citado en las obras de Lope de Vega. Luego, herido en las guerras, abandonó el ejército, y brilló por su ingenio, al inventar el primer traje de buzo para la inmersión en el agua. Esto último (junto a otros inventos para la depuración del aire en las minas) le ha valido que en la Universidad Pública de Navarra le hayamos dado su nombre al edificio que aloja los Institutos de Investigación.

El palacio lleva abandonado desde los años sesenta aproximadamente. La familia de Carlos Sanz Biurrun, miembro de la Brigada Criminal y asesinado por ETA en 1979, fue la última que abandonó el señorío. Durante años fueron jornaleros en Guenduláin, y quedaron al cuidado de los edificios que estaban en pie cuando todos los demás se fueron. Al final, los padres de Carlos (Carlos, [Paquita] y María Elena), también abandonaron Guenduláin y se fueron a vivir a Cizur Mayor, en el edificio de la fábrica Urdánoz. Probablemente Carlos fuera el último niño nacido en Guenduláin.

Tras un corto pero bonito paseo hasta allí, he sentido admiración y vergüenza, al mismo tiempo, al ver el estado de este magnífico palacio, al recordar su Historia, su destrucción en la campaña militar franco-navarra de 1521 (ya que era un feudo beaumontés), al ver sus ventanas góticas, pintadas con estúpidos eslóganes (más estúpidos aún allí), su lujosa entrada y su figura imponente. Quizás el pelotazo urbanístico de Guenduláin pueda ayudar a salvarlo algún día, si el proyecto llega a ejecutarse. Por el momento, me conformo con denunciar a los mandriles que en algún momento decidieron celebrar allí una “rave dance” y decorar este gran edificio histórico con sus patéticos grafitis. ¡Idiotas!

(Artículo publicado en Facebook el 21 de julio de 2019)

Publicado en Historia, Historia de Navarra, Historia Medieval, Patrimonio | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Enfadados con el pasado

Cada vez son más las noticias que proceden del mundo de la política y que afectan a la Historia. Cada vez más políticos nos dan clases de Historia, o mejor, denuncian algún pasaje de la Historia. Algo que me parece preocupante. Hacer política con el pasado supone querer imponer una determinada lectura del mismo, lo cual tampoco es que sea demasiado extraño, toda vez que en la escuela siempre se ha enseñado una determinada visión de la Historia. Sin embargo, hoy en día las nuevas corrientes didácticas nos permiten intentar superar esos planteamientos para formar alumnos con capacidad crítica, capaces de enfrentarse a diferentes visiones de un mismo acontecimiento y de decidir de manera autónoma. Por eso no entiendo a todos los que en los últimos tiempos parecen enfadados con el pasado, por un motivo u otro.

Esta semana la anécdota la ha protagonizado un sindicato de estudiantes londinense, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, al proponer que no se estudie más a Platón, Kant o cualquier otro filósofo blanco y europeo, por colonialistas. Me encantó el artículo de Jorge Marirrodriga sobre el asunto en El País, así que yo me ahorro otros comentarios al respecto. En nuestro país, además, tenemos ejemplos parecidos, como cuando se propuso eliminar de Barcelona el monumento a Colón –que comentó perfectamente el profesor Santacana-, la polémica en el ayuntamiento de Mijas que –como se dice ahora- se hizo viral por la respuesta sarcástica en tono condescendiente que dio el alcalde a una propuesta para cambiar el nombre de una calle que se iba a llamar Decubrimiento, pero que a juicio de un grupo opositor tenía tintes de ideología española excluyente; o en la misma línea, cualquiera de las interpretaciones condenatorias de la conquista española del continente americano, a las que Arturo Pérez Reverte respondió una vez con su sorna habitual, pero bastante cargado de razón: “mi abuelo nunca viajó a América, el que sí vino fue el abuelo de usted”.

El ejemplo navarro que primero me viene a la cabeza es el de Fernando “el Falsario”, sobrenombre que algunos han inventado para Fernando el Católico por solicitar unas bulas que justificasen la conquista de Navarra de 1512, como si el Trastámara fuese el único “falsario” de la Historia, como si nadie más hubiera hecho algo similar, ni reyes, ni papas, ni emperadores, ni presidentes.

Cada día hay más gente enfadada con éste o aquel personaje de la Historia, con éste o aquel pasaje histórico. Tanto que proponen eliminar su memoria, su rastro, su huella. Algunos (insisto, algunos) de los que braman por la recuperación de la memoria histórica -que supone la recuperación de injustos olvidos históricos- proponen al mismo tiempo desterrar la memoria de quien les ofendió, que es como establecer para la Historia una política del  ojo por ojo, pero un poco extraña: ya que tu tatarabuelo le negó la memoria a mi tatarabuelo, ahora yo te niego la memoria de tu tatarabuelo, o algo así .

En fin, no creo que debamos juzgar tan alegremente el pasado con parámetros actuales, pues está claro –como dice Jorge Marirrodriga- que cualquier personaje o hecho histórico anterior a 1900 –por poner una fecha- difícilmente resiste un examen con nuestros afinados criterios de lo políticamente correcto. El ejemplo que él pone es el de Platón, que a pesar de ser un filósofo cuya influencia ha sido determinante en toda la Historia, perseguía a sus discípulos con una finalidad que no era precisamente docente. Por poner otro ejemplo, éste más serio, el sufragio censitario nos puede parecer una barbaridad en la actualidad, por vetar el voto de la mayor parte de la población -de todas las mujeres, para empezar-, pero hace 200 años suponía un avance revolucionario con respecto al Antiguo Régimen. Todo este tema me parece importante, porque no me gustaría regresar a planteamientos revanchistas similares a los que jalonaron la Historia de Europa y de sus orgullosas naciones durante los siglos XIX y XX. Hay que ser más preciso, más serio, más científico a la hora de valorar estos asuntos: los españoles de hoy no pueden ser responsables de lo que hicieron los españoles que viajaron a América en el siglo XVI, y los planteamientos historiográficos no pueden consistir en denunciar en la Historia todos los comportamientos no democráticos, porque no terminaríamos nunca de decir obviedades insustanciales.

Publicado en Errores históricos | Etiquetado , | 1 Comentario

Nuestro héroe arqueólogo: Indiana

Estas Navidades he retomado un videojuego mítico con el que pasé algunas horas divertidas hace unos años: Indiana Jones y la tumba del emperador (Lucas Arts, 2003). El videojuego retoma la eterna lucha contra los nazis de nuestro héroe arqueólogo americano, pero en escenarios muy diferentes de los que se pueden ver en las películas de Harrison Ford. Lo más interesante de todo es la mezcla de narrativas que se da en el videojuego: historia-ficción ambientada en la primera mitad del siglo XX y todo tipo de elementos raros y mágicos, como ninjas, vampiros, demonios, cocodrilos gigantescos…

indiana_jones_and_the_emperors_tomb_ntsc

Jugando, jugando, me he ido acordando de lo que Jerome de Groot dice en su interesante libro Consuming History, sobre la forma en que nuestra sociedad entiende la tarea del historiador: a veces se presenta a los historiadores como buscadores de la verdad histórica en un mundo de conspiraciones políticas que pretenden ocultarla. Es el caso del Código Da Vinci, o de arqueólogos tan apasionantes como Indiana Jones o la Lara Croft de Tomb Raider. Hablan varios idiomas, reconocen cualquier pieza antigua con solo mirarla, han viajado por todo el mundo, y además, son expertos en artes marciales, pilotan todo tipo de vehículos, disparan todas las posibles armas del mundo con una precisión casi mágica, luchan por la verdad contra cualquier conspiración maligna, y encima poseen un físico admirable.

Conozco muchos arqueólogos, y de muchos de ellos se podrían decir algunas de las primeras cosas: hablan idiomas, reconocen piezas antiguas con solo mirarlas, han viajado por todo el mundo… pero lo siento, no se parecen a Harrison Ford o a Angelina Jolie, ni van armados hasta los dientes.

Aún así, su trabajo es apasionante, y en la actualidad nos aporta informaciones de una alta calidad científica, aunque quizás de baja calidad narrativa y con escasa componente aventurera. Las nuevas metodologías arqueológicas incluyen técnicas de elaboración de registro y de datación como la estratigrafía, el análisis de tipologías o los análisis químicos de laboratorio. Ahora bien, también os digo que le cuentas todo eso a Indiana… y te sacude con el látigo (y mientras sigue luchando contra los nazis, claro).

Publicado en Videojuegos | Etiquetado , , , | Deja un comentario