Diez formas de cargarse un castillo medieval

El castillo medieval fue un elemento defensivo fundamental, especialmente en la época feudal, en torno a los siglos X, XI y XII. Europa quedó sembrada de castillos que –por todas partes- se encargaban de gobernar y proteger las pequeñas aldeas. El señor feudal dominaba sus tierras desde su fortaleza –mayor o menor según la importancia de este señor- y sus siervos, en las aldeas bajo su dominio, trabajaban la tierra. De esta idea original a las que podemos ver en los medios de comunicación hoy en día, media un abismo. Vamos a ver diez formas de cargase la esencia de un castillo medieval

1. El castillo encantado: En este castillo debe haber un fantasma. Es básico, aunque no para la HIstoria Medieval. Este tipo de castillo sólo existe de noche, en días de tormenta. La combinación castillo-fantasma es buscada por muchos visitantes de cualquier castillo serio, que lo primero que preguntan es: ¿Dónde está el fantasma? La pregunta es un poco tonta, porque sabiendo como sabemos que los fantasmas arrastran pesadas cadenas, no hay más que seguir el sonido.

castillo-del-terror2. El castillo hinchable: Un estilo radicalmente contrario al anterior. Estos son innumerables, están por todas partes con sus almenas, sus torres y sus patios interiores compartidos por caballeros, dragones y niños brincando. No es esa la idea del castillo feudal.

castillo-hinchable3. El castillo del terror: Este es imprescindible en cualquier feria, pero también en muchas publicaciones. Debe tener un esqueleto (o más) en las mazmorras, y una combinación graciosa de orcos, trolls, demonios y dragones. Cuando vas en la vagoneta te puede salir a asustar el de la careta de Screem.

castillo-del-terror24. El castillo de la bruja: Este de verdad que no lo entiendo. Disney hizo mucho daño con la bella durmiente, porque lo cierto es que viendo la película, no hay duda de que la bruja Maléfica poseía un magnífico castillo. Quizás por eso en mi última visita a Loarre pude escuchar a un padre que entraba en el castillo gritando a sus hijos: ¡Vamos a buscar a la bruja!

bruja-volando-por-su-castillo5. El castillo de la princesa: Aquí la culpa es claramente de los hermanos Grimm, por haber escrito el cuento de Rapunzel. Cualquiera que llega a un castillo medieval lo primero que le pide al que está arriba es: lánzame la trenza. Hombre, lo cierto es que la unión de castillo y princesa no es aberrante, aunque sí resulte un poco simple.

6. El castillo tarta: Este es mi castillo preferido. Tiene forma de tarta y, por supuesto, es de color rosa. Sus almenas y sus torres no parecen demasiado amenazantes, pero quizás podría cumplir su misión defensiva de todos modos, entre los ataques de risa del enemigo.

castillo_tarta7. El castillo mágico: Hogwarts, el de Harry Potter, es un ejemplo. Claro que sí, un castillo que en realidad es una escuela de magia y que combina armaduras medievales con un sinfín de trampas mágicas, pasadizos… Está a medio camino entre las Universidades medievales inglesas y la idea de castillo

8. El castillo Disney: Este tipo me parece interesante porque es precioso, altísimo, con delgadas y esbeltas torres rematadas por tejados de pizarra. La idea romántica del castillo destaca su belleza y su altura, pero olvida la función para la que fue concebido el castillo. No obstante, no sólo hay que pensar en Disney, sino que existen precedentes reales de este magnífico ensueño, como el de Neuschwanstein, en Baviera, construido en el siglo XIX.

9. El castillo al final del camino: Esto también es curioso. ¿Por qué el castillo tiene que estar siempre al final de un camino sinuoso que atraviesa un precipicio? No lo sé, pero reconozco que la idea es sugerente.

final_camino10. El castillo venido a menos: Ahora te vas a restaurar un viejo castillo francés de pasado feudal glorioso, y cuando llegas ves una triste granja destartalada. Algo así me pasó cuando fui a trabajar a Saulon-la-Chapelle, en Borgoña, al viejo castillo de Layer, del que ya sólo quedaba como recuerdo del pasado una torre adosada al edificio principal que, insisto, parecía una granja.

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Una sensual vikinga en San Nicolás

Paseando por Pamplona me topé hace no mucho tiempo con una sensual vikinga que sonreía, sin mucha ropa, a la clientela de un conocido bar de la calle San Nicolás. Su carácter vikingo se adivinaba en el casco con cuernos, y su sensualidad en la pose, la figura y el escaso atuendo.

Que nadie se preocupe porque esta presencia estaba estampada, como reclamo visual, en una prosaica y contemporánea máquina tragaperras. La imagen me hizo reflexionar porque me parece curioso cómo un par de atributos (el supuesto casco vikingo y la melena rubia), consiguen hacer de la joven una vikinga que cualquier cliente del bar puede reconocer como tal. Nos ayuda a la identificación un barco vikingo que aparece por el lado derecho y, claro, las letras pretendidamente góticas en las que se lee “vikingos”.

El tema de los vikingos es uno de los más manoseados por los estereotipos. Un tipo con pieles, casco de cuernos y hacha, ya es normando o vikingo. O quizás sólo con el casco bicornio lo pueda ser. Da igual que la arqueología haya desenterrado verdaderos cascos vikingos (sin cuernos), o que sepamos que el arma principal del ataque vikingo fuera la espada. A nosotros, cabezones, nuestra idea no nos la quita nadie: Los vikingos no hablaban, gruñían, eran idiotas y violentos, cornudos con hachas que bebían y comían en exceso. ¿Cuándo vivieron, cómo vivieron, qué cosas hicieron? Para nuestra sociedad todo esto es lo de menos, no se pregunta cosas así. Con el estereotipo nos basta, y es lo que representa nuestro disfraz de vikingo para Carnaval o fin de año.

vikinga-tragaperrasUderzo y Goscinny lo dejaron muy claro: Asterix y los normandos. Pues bien, la tozuda realidad es que o Asterix, o los normandos, pero los dos a la vez, imposible. Los ataques vikingos o normandos llegaron a Europa a partir de la segunda mitad del siglo VIII, y el declive de su dominación atlántica sobreviene a finales del siglo XI, cuando los ataques daneses contra Inglaterra empezaron a ser rechazados por Guillermo el Conquistador. Si Asterix es contemporáneo de Julio César (Siglo I antes de Cristo), el anacronismo es, como poco, de unos 800 años, toma ya. Pero este tipo de anacronismos –que se añaden a los tópicos reduccionistas- se pueden encontrar en cualquier parte: la serie de dibujos animados “Mike caballero”, que se puede ver en el Clan TV, nos mezcla a los vikingos con castillos y caballeros claramente bajomedievales, en un anacronismo alternativo al anterior, hacia adelante, digamos.

Si el estereotipo y el anacronismo lo aderezamos con un toque de machismo para convertir en reclamo sexual la absurda imagen de una nórdica navegando en cueros por el Báltico (que oigan, ni en verano cabe en la cabeza tal cosa), el manoseo de la Historia ya me resulta bárbaro, que no vikingo. Entiendo que la Historia (en especial la Historia Medieval) ,se ha convertido en un gran producto de consumo, pero esto es excesivo hasta para nuestra sociedad, que cuando actúa grupalmente es ignorante, complaciente y acrítica. Una amenazante modelo vikinga, de medidas 90-60-90, para estimular nuestro deseo de jugarnos la pasta en el bar. No sé cómo calificarlo, pero admito ayuda.

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Vascos o vascones

sin-titulo-1Fuente: M. Múgica (2007), Los Vascones, Pamplona: Gobierno de Navarra.

El artículo de hoy viene motivado por una publicación científica del año pasado, en la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) en que se comparaban los genomas de los antiguos hombres de Atapuerca (yacimiento de El Portalón, en la entrada de la Cueva Mayor, e individuos situados en el Calcolítico, hace entre 3.500 y 5.500 años), con los de las sociedades españolas actuales. El objetivo era conocer qué grado de semejanza existía entre aquellos primeros agricultores de Atapuerca y nosotros. La sorpresa de la investigación fue el descubrimiento de que los hombres de Atapuerca (Burgos) se parecían más a los actuales vascos que a ninguna otra población peninsular actual. El descubrimiento tuvo su repercusión mediática, aunque a partir de aquí viene el lío de interpretar esos datos. La primera explicación que a uno se le puede ocurrir es que estamos ante los primeros vascos o vascones de la Historia, y que, por tanto, en el calcolítico el territorio vascón era mucho mayor y llegaba casi hasta Burgos.

Pero no nos precipitemos, porque los propios científicos que firman el trabajo (19 investigadores de universidades como Upsala o Estocolmo, en Suecia, Harvard, en Estados Unidos, o la española Complutense de Madrid), nos lo explican: los resultados de esta investigación suponen que las sociedades vascas han conocido un mayor grado de aislamiento a lo largo de la Historia que el resto de las sociedades españolas. Dicho de otro modo: la especificidad de los vascones no hay que buscarla en fechas inmemoriales, sino en épocas que conocemos mejor, es decir, en tiempos donde ya había escritura. Una forma más de decirlo: en época prehistórica los vascones eran genéticamente similares a los pueblos que les rodeaban. Y los que hayan leído algo sobre el tema entenderán que este estudio constituye una demostración muy relevante sobre un tema controvertido.

Por suerte este estudio no ha pillado a contrapié a todos los historiadores: En los últimos tiempos una parte de la Historia Antigua de esta zona del Pirineo ha empezado a ponerse en orden, gracias al sentido común y el buen hacer de algunos profesionales de la Historia. Particularmente recomendables son los trabajos de Javier Andreu sobre los vascones, ya sea para revisar fuentes literarias (junto a Ángel Jordán), para descubrir nuevos testimonios arqueológicos, o para analizar nuestra forma de enfrentarnos a este tema histórico (destaco su interesante y más que útil artículo “Los vascones van al instituto”). Su análisis de las fuentes escritas romanas nos ha descubierto que las referencias a los vascones constituyen a lo largo del tiempo un cliché que procede del mismo conocimiento de las fuentes escritas romanas que se tenía en épocas posteriores (época bajoimperial, visigoda y altomedieval).

Cuando uno acude a las fuentes romanas para observar las referencias a los territorios del Norte del Ebro (recogidos casi todos en la Colección de textos histórico-jurídicos navarros de Gregorio Monreal y Roldán Jimeno), observa que los geógrafos romanos (Ptolomeo o Estrabón) fueron nombrando a todos los pueblos del Norte peninsular, y que esas denominaciones tenían que ver –unas veces- con el nombre de un lugar (jacetanos) y otras veces con el nombre de una tribu (vascones). Es decir, los geógrafos romanos nombraban lo que veían (o sabían) pero con un criterio subjetivo, no científico. Por ello, pensar que aquellos territorios tenían una coherencia lineal o poligonal, es decir, unas fronteras cerradas, resulta muy inexacto. Cualquiera que se acerque al conocimiento de los periodos anteriores a la llegada de los romanos encontrará en el territorio actualmente navarro yacimientos con influencias celtas o iberas en mayor o menor grado, pero no yacimientos que tengan un contexto cultural diferente del que se puede encontrar en los territorios vecinos.

Sin más, concluyo diciendo que la especificidad de los vascones parece ir construyéndose como consecuencia de un mayor aislamiento (o un menor trasiego de gentes con respecto al resto de territorios peninsulares) de estas comarcas a partir de la llegada de los romanos. La construcción de una especificidad de tipo político se produce a partir de la lectura de las fuentes romanas en época bajoimperial, visigoda y posterior. Esto no es ni bueno ni malo para la Historia de Navarra, simplemente es. Por eso hay que tener tanto cuidado con los mapas que elaboramos de aquella época, no vaya a parecer que por entonces había Estados como los actuales, con fronteras precisas y puestos aduaneros (como en el caso arriba expuesto). También habrá que esperar que siga avanzando la arqueología, y que nuestro conocimiento histórico vaya poco a poco dependiendo menos de las informaciones plasmadas en los textos romanos, que durante mucho tiempo han sido tan mal interpretadas por unos y otros.

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Rise of Venice

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Esta semana me propongo escribir sobre una parte de mis investigaciones, que dedico últimamente a los videojuegos. En concreto a los videojuegos de estrategia histórica, como Civilization, Age of Empires, Europa Universalis, Rise of Nations, Imperium Civitas, Anno 1404Patrician Rise of Venice, que son los que a mí siempre me han gustado más. Respeto mucho a los videojugadores que disfrutan con aventuras virtuales del estilo de Call of Duty, pero a mí me ponen muy nervioso, y hasta me marean. Además, siempre le busco una utilidad educativa al videojuego, y los de estrategia, en ese aspecto, son los de mayor potencialidad. No lo digo yo, sino diversos especialistas que se han dedicado incluso a utilizarlos en las aulas.

Pero no quiero desviarme de la cuestión que quería comentar hoy: los videojuegos de estrategia basados en la actividad comercial de la Baja Edad Media, la saga Patrician, y la última entrega de Calypso Media, Rise of Venice. En estos videojuegos el jugador asume el papel de un comerciante de la Baja Edad Media, algo que ya de por sí me parece interesante, pues permite combatir el extendido estereotipo sobre una Edad Media de castillos y caballeros. Aunque el primer videojuego –The Patrician- apareció en 1992, yo sólo puedo hablar de los videojuegos con los que he jugado, Patrician III, Patrician IV y Rise of Venice. Los dos primeros están ambientados en el mar Báltico, y el contexto concreto es el desarrollo comercial de la Hansa. La ciudad principal desde la que se parte en la campaña principal, es Lübeck, aunque los puertos que se pueden visitar van desde Novgorov, en Rusia, hasta Brujas, en la actual Bélgica. Como su nombre indica, Rise of Venice está ambientado, en cambio, en el comercio del mundo Mediterráneo –también bajomedieval-, donde compiten los poderes militares y comerciales de Venecia y Génova, y donde además el poderío turco amenaza los negocios venecianos en las costas de Oriente Próximo.

El juego es suficientemente complejo, en todos los casos, como para constituir un interesante reto para un jugador experimentado. El jugador maneja una empresa comercial familiar, y debe tener en cuenta los gastos e ingresos, sus empleados y sus barcos, los precios de mercancías –tanto de compra como de venta- en todos los puertos, y el coste de mantenimiento de su empresa cuando no hay actividad comercial. Los ingresos pueden obtenerse tanto por la producción de determinados productos, como por su venta en diferentes plazas. Sin embargo, en todos los casos es necesario observar de manera rigurosa la ley de la oferta y la demanda, para que el negocio sea redondo y no haya pérdidas. Por tanto, el jugador habrá de estudiar cada puerto con sus producciones, con su oferta y su demanda, a fin de establecer rutas comerciales eficientes. Aquí es donde estos juegos resultan más interesantes, pues reproducen de una manera bastante fiel el tráfico comercial tanto del mundo hanseático como del área mediterránea medieval. Al Norte, los mercaderes alemanes de la Hansa actuaban como mediadores entre la producción de materias primas del Norte de Europa y de Rusia –espacios que se iban incorporando al comercio internacional- y la producción de productos manufacturados provenientes de los Países Bajos, o del vino y la sal producidos en la Gascuña francesa. En el Mediterráneo, Venecia podía comprar en Oriente especias y sedas para distribuirlas por los puertos europeos, o abastecerse de cereal en Sicilia y Creta. En fin, todo muy real, si atendemos a cualquier libro de economía medieval. Y podría seguir dando ejemplos.

La segunda parte de estos juegos consiste en el ascenso social, que se puede lograr a partir de los éxitos económicos. La familia logra ir ascendiendo en la escala social, obtiene cada vez mayores recursos, diversifica su actividad económica (producción industrial, intercambio comercial y préstamo), y por tanto establece alianzas (matrimonios) con miembros de las oligarquías ciudadanas, y entra a participar en el gobierno de la ciudad. El mayor logro del jugador consistirá en asumir el gobierno de Venecia (Rise of Venice) o de la Hansa (Patrician).

Claro está que desde la visión de un historiador hay pequeños errores, pero el contenido histórico me parece de lo más cuidado. El videojuego impone en ocasiones un formato excesivamente rígido, que no se ajusta a la realidad histórica por su simplicidad, pero esto es una consecuencia derivada de un intento de recreación que no puede ser omnímodo, por el momento. Por poner un ejemplo, el gobierno de Venecia fue muy complejo, y se basó en la existencia de una gran cámara representativa, el Gran Consejo, que elegía a los miembros del Senado. De él surgía el principal órgano ejecutivo, que fue desde comienzos del siglo XIV el Consejo de los Diez. Pues bien, el Senado de Rise of Venice es, en realidad, un Consejo de los Diez, lo cual es un error, por un lado, y una simplificación de la realidad, por otro. Otro ejemplo, Venecia se adueñó de un importante territorio tras de sí, hoy llamado Véneto, y antiguamente la “Tierra Ferma”, pero el videojuego no representa territorios o distritos de naturaleza política, sólo los puertos mediterráneos más relevantes, que pueden estar aliados o asociados con Venecia o con Génova.

En fin, por seguir poniendo peros, es cierto que se podrían marcar más claras las diferencias entre Venecia y la Hansa. El comercio veneciano fue monopolístico y sólo permitido para los ciudadanos de Venecia, mientras en el Norte de Europa (Brujas), era libre. Venecia obtuvo beneficios desorbitados con monopolios –como el de la sal- que sólo se podían sostener mediante una imponente flota militar. La Hansa sirvió de punto de intercambio entre el Este recién colonizado y los Países Bajos, mientras Venecia sirvió de nexo comercial entre Oriente y Occidente. Sin embargo, las necesidades financieras de los venecianos fueron mucho mayores, pues traficaban con mercancías de precio mucho más elevado.

Este tipo de matices son difíciles de plasmar en un videojuego, pero todo llegará. Quien juegue a cualquiera de estos juegos comerciales ambientados en la Baja Edad Media conocerá a la perfección la geografía marítima medieval, comprenderá el desarrollo económico de los puertos europeos en las últimas centurias medievales, la rivalidad entre Génova y Venecia, el gobierno republicano veneciano, el concepto de ciudad-estado, la asociación de ciudades en la Hansa, así como el funcionamiento del comercio europeo de la época tanto a nivel micro como a nivel macro. En fin, es una pena que Rise of Venice no cuente con un manual de instrucciones, pues resulta un juego muy poco intuitivo y francamente difícil de jugar. Sin embargo, estoy convencido de que se puede convertir en una extraordinaria herramienta para enseñar y entender los cambios en la economía medieval.

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La conspiración de 1512: nos quieren robar nuestra Historia ¿En serio, tío? ¿Quién? Los historiadores navarros

Aunque no sea una cuestión de actualidad, hace tiempo que quería hacer este post para comentar el libro ¿Por qué lo llaman anexión cuando quieren decir conquista? del genial humorista gráfico César Oroz. No es habitual que alguien haga una crítica a César Oroz, porque sus dibujos gustan a casi todo el mundo, y a mí también. Sin embargo, quería comentar más que el libro en sí –que a mí me gusta-, el título –que en cambio no me gusta.

Al margen de las interpretaciones que se puedan hacer de la conquista de Navarra, y de las que se han hecho en 2012 con motivo de los 500 años de la intervención militar castellana, creo que hay una cuestión más importante: me refiero a que es legítimo que cada uno interprete la Historia libremente. Lo que ocurre –a mi modo de ver- es que no lo hace igual de bien alguien que no posee preparación, que alguien que sí la tiene. En Navarra se ha dado la curiosidad de que el conjunto de historiadores profesionales, compuesto por catedráticos, profesores universitarios, doctorandos en fase de realización de tesis, o técnicos de archivo, han sido desacreditados públicamente y de manera global, por parte de personas que, o no tenían el título de historiador, o que en el mejor de los casos no se dedicaban propiamente a la investigación histórica (algunos incluso eran ante todo, políticos).

Entre 2011 y 2013 las editoriales próximas a los colectivos culturales Nabarralde y Nafarroa Bizirik –de inspiración nacionalista vasca- publicaron unos 32 libros sobre la conquista de Navarra, según mis datos. Las instituciones públicas, contando especialmente con investigadores universitarios, publicaron 5 libros con motivo de esta conmemoración. Los números lo dicen todo: los historiadores académicos escribieron seis veces menos libros sobre la conquista de Navarra que los que no están en los centros de investigación.

La explicación es muy sencilla. Si leemos el blog de Pedro Esarte “Quién es quién, cada quien; Nor, Nori, Nork“, o su actual blog, lo podemos entender: todos los historiadores navarros que están en las instituciones son paniaguados de los gobiernos conservadores de Navarra, no son independientes y además, conscientemente conspiran para ocultar a los navarros SU Historia. Algunos de estos historiadores habrían obtenido sus cargos de forma dudosa, y la acumulación de publicaciones y de títulos en su currículum sería altamente sospechosa, por fraudulenta.

La idea no es exclusiva de Pedro Esarte, y la podemos encontrar en numerosos libros, publicados especialmente por la editorial Pamiela (aunque no todos los libros de esta editorial son iguales, que conste). Sobre todo, quiero incidir en que la idea de la supuesta conspiración historiográfica por parte de los historiadores navarros “oficialistas” se está difundiendo a los cuatro vientos. Es verdad que históricamente se intentó negar la realidad de que Navarra hubiera sido conquistada militarmente, y que durante mucho tiempo se habló sólo de incorporación, destacando así el término jurídico real, que parecía inocuo, pero ocultando la palabra conquista. Ahora bien, hay que decir que en los últimos veinte años –como bien decía en una entrevista en Diario de Navarra el joven doctor José Miguel Escribano- hay un consenso total entre los historiadores navarros al hablar de conquista. Conquista, sí. Ya a ningún historiador actual le escuece ese concepto. Por tanto, la teoría de la conspiración se la pueden ahorrar, y las dudas sobre la honradez del colectivo de historiadores navarros, también. La interpretación de la Historia es libre, y nadie merece los insultos e insidias que se han vertido sobre algunos de los mejores investigadores que tenemos, de diferente signo político, además. El debate histórico es positivo, pero debe hacerse de manera cordial, constructiva y sobre todo, educada. Esarte, como protagonista paradigmático de la controversia desatada por Nabarralde, fue de todo menos educado o constructivo.

De ahí que no me guste el título del libro de Oroz. Emulando el título de la conocida película ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?, suelta este gag que seguramente es gracioso y que posee un buen tirón comercial, pero que perpetúa la idea –ya muy antigua- de la conspiración de los historiadores para ocultar la “conquista” militar de Navarra a partir de 1512. Además, lo siento por César Oroz pero la palabra anexión es del todo incorrecta, pues en los debates historiográficos no se ha utilizado, al no ser un término jurídicamente correcto para el caso navarro.

Para algunos, resulta que los culpables de que no se conozca la Historia son los terribles historiadores. Igual que cuando se excavaba en la plaza del Castillo los culpables del supuesto expolio patrimonial eran los arqueólogos. Esta es la idea que me gustaría desterrar, porque nuestros historiadores y arqueólogos son, al menos, honrados. Buenos o malos, será opinable, por supuesto. Así que digo yo ¿Por qué algunos lo llamarán Historia, cuando quieren decir política?

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El País de los cátaros

Este fin de semana he leído un interesante artículo de Marie-Carmen García, de la Universidad de Lyon, sobre la creación del País de los Cátaros como ruta turística en el Departamento francés de l’Aude, es decir, al Norte de la frontera pirenaica catalana, sólo encima del Departamento de los Pirineos Orientales. Para situarnos, la capital de l’Aude es la famosísima Carcasonne, cuya ciudadela medieval fue restaurada por el polémico arquitecto Viollet-le-Duc.

La configuración de una ruta turística en esta zona tuvo como protagonista al Centro de Estudios Cátaros, que desde su fundación en 1981 estuvo controlado por eruditos locales. Aunque originalmente el gran medievalista Philippe Wolf estuvo implicado en esta asociación, finalmente el Centro de Estudios Cátaros actuó de una manera autónoma con respecto a los centros de investigación académicos. En los años noventa el Departamento de l’Aude consiguió acceder al programa de financiación europea LEADER, y alzarse además como símbolo de este programa de promoción de espacios rurales económicamente deprimidos. El desarrollo económico por medio de un turismo creado a partir del patrimonio histórico de la zona parecía en Bruselas una idea estupenda que exportar a otros territorios.

La cuestión es que la herejía cátara que sirvió para dar nombre a toda esta zona había sido barrida en el siglo XIII, y poco quedó de ella en el Sur de Francia, puesto que la Iglesia declaró una triunfal cruzada contra ellos y los persiguió por todos los rincones del Sur de Francia. Aunque la ruta turística que empezó a crearse se centró en una serie de castillos emblemáticos donde supuestamente se habrían refugiado los cátaros de su persecución, en realidad alguno de esos castillos corresponde a la fortificación de la frontera entre las coronas de Francia y Aragón, y data del siglo XIV. Es decir, los ojos de los cátaros no pudieron ver alguno de estos castillos por ser cronológicamente posterior. Eso sí, nadie les quita su resistencia en los espectaculares Peyrepertuse, Quéribus o Montsegur, entre otros.

Nada de esto importó para la creación de la ruta turística, pues los intereses económicos parecían más importantes. El segundo programa LEADER (1994-1998) obtenido por el Departamento de l’Aude, se centró de manera exclusiva en la creación de la marca comercial “País cátaro” (Pays Cathare) para la comercialización de productos alimentarios y artesanales, olvidándose de los trabajos puramente históricos. A partir de estas actuaciones, las críticas al programa por parte de los historiadores fueron numerosas, por ejemplo por parte de Jean-Luis Biget, a raíz de lo cual se tuvo que dar un nuevo giro a estas políticas. En cualquier caso, la marca ya se había registrado: País Cátaro es hoy una referencia tanto sobre el terreno como en internet, a pesar de ser una creación historiográfica más que discutible. La realidad es que esta ruta tiene hoy su impacto económico en l’Aude, y dudo que quieran cambiar ese importante reclamo para una zona que –por otro lado- es turísticamente maravillosa y que cuenta con unos vestigios medievales (castillos y abadías), de gran interés, y unos paisajes espectaculares.

Quizás sea paradógico, pero a mí me encanta la idea del “País Cátaro”. Yo crecí leyendo cosas como “Los hijos del Grial”, de Peter Berling, y aunque sepa que todo el argumento de la novela es una gran patraña, la historia de los cátaros es apasionante, y cada vez que oigo el nombre de la familia Trencavel algo me hace evocar una Edad Media mágica que no por ser falsa deja de gustarme, llámenme friki. Y además, creo que este modelo de desarrollo francés, basado en los parques al aire libre y que ha superado la idea del museo encajonado dentro de cuatro paredes, tiene mucho recorrido y mucho futuro, particularmente en mi tierra navarra, que no necesita inventarse ninguna ruta herética, sino que tiene la sólida Historia de un reino medieval tras de sí. Un poco de imaginación histórica no nos vendría mal, y además haríamos negocio.

Marie-Carmen Garcia (2007). La mise en patrimoine du catharisme. Enjeux de territoire, enjeux d’identité. En: Iñaki Arrieta Urtizberea (Ed.). Patrimonios culturales y museos: más allá de la Historia y del Arte. Bilbao: Universidad del País Vasco, p. 45-60.

Pongo también tres enlaces, primero a un post interesante sobre el tema, luego a la web de l’Association des Sites du Pays Cathare, y finalmente el sumario de la revista “Arqueología, Historia y viajes sobre el mundo Medieval”, que recoge un artículo divulgativo de Josep Torroella (2007), sobre los castillos cátaros, por si a alguien le interesa ampliar la información:

http://espirituviajero.com/ruta-de-los-cataros-francia/

http://www.payscathare.org/

Haz clic para acceder a PDF-MEDIEVAL20.pdf

 

 

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XXIII Fiestas Medievales de Olite

XXIII Fiestas Medievales de Olite

Este domingo se han celebrado en Olite las XXIII fiestas medievales de Olite, que poco a poco van tomando cuerpo y se van consolidando como evento turístico y cultural de primer orden en Navarra.

Aunque desde el mundo académico y universitario muchas veces se han desdeñado las recreaciones históricas, creo que es el momento de reconocer el importante papel que tienen y que pueden tener las recreaciones para la difusión de la Historia entre nuestra sociedad: en un ambiente festivo y con una importante asistencia de público, se habla de Historia, se contempla la Historia y se vive la Historia. Hoy en día pocos pueden presumir de lograr una mayor difusión en la comunicación de eventos históricos.

Me encantan ver las vestimentas y armaduras de guerreros medievales, pero también es cierto que mis preferencias en la recreación histórica van más dirigidas a la vida cotidiana, muebles, utensilios y ropajes, ya que aunque la guerra y la violencia existían en la vida bajomedieval, no formaban parte del día a día de una ciudad como la propia Olite, por cierto, escenario inigualable para este tipo de representaciones.

Mis felicitaciones al Ayuntamiento de Olite por mantener durante tantos años esta fiesta, cada vez más consolidada. Espero verla crecer en lo sucesivo, y espero que desde el ámbito académico se reconozca la oportunidad de trabajar conjuntamente con entidades locales, asociaciones, empresas y todos aquellos que toman parte en estas recreaciones históricas, con la finalidad de que cada día se mejoren tanto su rigor histórico como la comunicación del mensaje histórico.

ubn_0981.jpg_20160821174741_12231_11http://www.noticiasdenavarra.com/2016/08/21/vecinos/zona-media/olite-regresa-al-medievo-con-reyes-princesas-juglares-bufones-y-artesanos

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¿Reconoció el Imperio Romano la realidad diferenciada de los vasco-aquitanos?

En este nuevo post volveré a ocuparme del Atlas histórico de Navarra publicado este año por la editorial Pamiela. Prometo no seguir explotando este filón, aunque habría aún muchas cosas que debatir sobre este libro.

La cuestión que me ha llevado a escribir este post resulta en cierta manera novedosa, ya que no había leído nunca este argumento sobre la creación de la provincia romana de la Novempopulania en el actual territorio francés, y que incluía la fachada atlántica francesa –sin llegar a Burdeos- y prácticamente todo el Pirineo francés, a excepción de la parte catalana. Para el autor del atlas, la creación de esta provincia habría supuesto el “reconocimiento de Roma a su [la de los pueblos vasco-aquitanos] realidad diferenciada de las Galias”.

Resulta complicado hablar de territorialidad en aquella época, pero desde luego Roma no se caracterizó por su sensibilidad hacia los pueblos indígenas, ni estaba en su ideario político el reconocimiento de realidades étnicas. Al contrario, en las motivaciones de Roma para la creación de las provincias habría que pensar en una combinación compleja de factores: defensa, interés económico y eficacia en la gestión del Imperio, por encima desde luego de criterios racionalistas que atendiesen a especificidades étnicas, que serían más propios de nuestra manera de pensar, y muy difíciles de observar desde Roma en una época en la que la cartografía sólo era capaz de representar itinerarios, pero no territorios cohesionados. Esto se puede comprobar echando un vistazo sobre la llamada Tábula Peugetiana, el más espectacular ejemplo de itinearia picta, conservado actualmente en la Biblioteca Nacional de Viena, y en el que falta el fragmento correspondiente a Hispania.

De hecho, cuando las fuentes escritas romanas (los itinearia scripta), como los de Plinio o Estrabón se refieren a los antiguos pobladores del actual territorio vasco-navarro-aragonés, mencionan multitud de nombres diferentes, algunos de los cuales simplemente aluden a su condición de pobladores de una ciudad (andelonenses, de Andelos/Andión, segienses, de Ejea, jacetanos, de Jaca…), pero no a un carácter étnico o político [Se pueden consultar estas fuentes en el tomo de Textos histórico-jurídicos navarros de Gregorio Monreal y Roldán Jimeno]. Aun cuando autores como Estrabón o Plinio demostraban un cierto conocimiento de estas regiones, y fueran capaces de nombrar los pueblos y ciudades de cada zona controlada por Roma, resulta complejo y sobre todo, anacrónico, pensar que el Imperio Romano podía tener la sensibilidad que hoy tenemos hacia posibles cohesiones étnicas o culturales, a la hora de planificar la geografía de una provincia.NOVEMPUPULANIA

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Sancho el Mayor… ¿Rey de Gascuña?

Diapositiva1Como segundo post, quiero salir al paso de una nueva publicación de la editorial Pamiela, titulada “Atlas histórico de Navarra”. El libro tiene buena pinta por el despliegue gráfico de sus mapas. Sin embargo, siento decir que estoy en desacuerdo con casi todas las afirmaciones, pues entiendo que los errores históricos de este libro son muy abundantes.

Hoy hablaré del mapa (pp. 54-55) que recoge las posesiones del rey de Pamplona, Sancho el Mayor (1004-1035). Aunque los mapas de esta publicación no son claros de manera general (por la ausencia de título, leyenda y escala), en el de Sancho el Mayor resulta especialmente llamativo. Si un observador no experto en la materia se acerca a él, podría deducir que el territorio controlado por Sancho el Mayor llegaba –por el Norte- hasta Burdeos… y más allá! –Como diría Buzz Lightyear, el personaje de Toy Story. Por muy navarro que uno quiera sentirse, me parece excesivo plantear un reino de Pamplona en el siglo XI que ocupe medio reino franco.

La polémica sobre el poder de Sancho el Mayor en Gascuña no es nueva, y la resucitó hace años Justo Pérez de Urbel. En cualquier caso, diversos autores han mostrado cómo sólo son siete los documentos emitidos por el propio Sancho Garcés III en los que usa la cláusula “regnante in Gasconia”, y entre la redacción de estos siete documentos pasaron sólo dos semanas (del 26/12/1032 al 8/1/1033). Es decir, estos documentos se inscriben en el contexto concreto de la muerte de Sancho Guillermo, sobrino de Sancho el Mayor y conde de Gascuña, y reflejan algún tipo de pretensión de gobierno o protectorado sobre ese territorio por parte del monarca pamplonés. Eso sí, las pretensiones del propio Sancho III sólo duraron dos semanas, y el condado gascón recayó en un sobrino del fallecido Sancho Guillermo, Eudes u Odón de Poitiers, hijo además del conde de Poitiers y duque de Aquitania, Guillermo V. El profesor Ángel J. Martín Duque es el mejor y el más reciente biógrafo de Sancho el Mayor, y por consiguiente, recomiendo leer las páginas de la biografía que él redactó y que publicó el Gobierno de Navarra en 2008.

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Íñigo Arista ¿Rey de Pamplona?

Recientemente en las páginas de un periódico tan prestigioso como Diario de Navarra (en concreto el 17 de junio de este año) a doble página, se publicaba un artículo que defendía la figura de Íñigo Arista como primer rey de Pamplona. Adelanto ya que esto es un grave error de interpretación histórica, pero tampoco es mi deseo realizar una crítica despiadada de la autora de aquel trabajo, ni de la publicación que lo acoge. Aquí mi intención va a ser siempre constructiva, y en este sentido sólo pretendo dar mi opinión como investigador medievalista y profesor de Historia Medieval, con la intención de que errores como éste, publicados en un medio con tanta difusión, puedan ser revisados por quien se interese en el tema.

Símplemente diré que el mundo académico hace tiempo que llegó a un consenso para considerar a Íñigo Arista como un caudillo o dirigente pamplonés del siglo IX, pero no rey, pues en su política nunca pretendió desembarazarse del dominio cordobés: un rey es, por naturaleza, soberano, y no admite una autoridad superior, pues en ese caso sería un gobernador delegado, pero nunca un rey. El rechazo expreso de la soberanía cordobesa se produjo a comienzos del siglo X, y se debió a Sancho Garcés I, precisamente con la desaparición de la familia Arista en el gobierno de Pamplona.

Cualquiera de los trabajos de los especialistas en aquella época remota de nuestra Historia puede valer para confirmar esta idea. Poco es lo que sabemos de aquel Íñigo Arista, que aparece por vez primera en las famosísimas Geneaologías de Roda, insertas en el Códice de Roda, donde se alude a él como “Enneco, cognomento Aresta, genuit Garsea Enneconis”, o sea, “Íñigo, apodado Arista, engendró a García Íñiguez”. Alberto Cañada Juste lo ha explicado magníficamente en un libro reciente titulado “Nacimiento del reino de Pamplona”, pero otros autores como Ángel J. Martín Duque, Fermín Miranda, Luis Jarvier Fortún y Carmen Jusué también han aclarado esta cuestión en diferentes obras de síntesis.

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