El palacio de Guenduláin

A poco más de un kilómetro de la autovía del Camino, cerca del pueblo de Galar, y situado sobre la balsa de Guenduláin y el propio Camino de Santiago (que poco a poco va ascendiendo hacia el puerto de El Perdón), se sitúa el señorío de Guenduláin, del que quedan hoy sólo los restos del palacio, la iglesia y el cementerio. Fue en su momento una pequeña aldea que llegó a tener más de 20 casas, aunque hoy carece de acceso para coches, e incluso el camino a pie es un poco dificultoso por la invasión de la maleza (¡y en especial de las ortigas!). El señorío, en origen feudo de la familia Ayanz, continúa siendo propiedad nobiliaria, de la familia Mencos, condes de Guenduláin, marqueses de Eslava y algunas otras cosas más. Lo siento, pero no controlo quién lleva cada título en la familia.

El palacio es imponente, aunque un tanto desconocido para la gente de Pamplona. La familia Ayanz lo construyó a comienzos del siglo XVI. De hecho, en aquellas fechas en Navarra fueron los nobles quienes realizaron todas las construcciones importantes, ya que los reyes andaban un poco justitos de dinero. El poder de la nobleza queda claro aquí, al rodear el palacio-castillo de Guenduáin. Esta es la época de construcción de muchos palacios-castillos nobiliarios, que fueron los culpables de la guerra civil que asoló navarra de manera intermitente entre 1450 y 1529.

En este palacio nació el genial inventor navarro Jerónimo de Ayanz, que primero dejó su huella como soldado por media Europa, en los tercios españoles. Su colosal fuerza le hizo famoso, y le permitió pasar a la posteridad al ser citado en las obras de Lope de Vega. Luego, herido en las guerras, abandonó el ejército, y brilló por su ingenio, al inventar el primer traje de buzo para la inmersión en el agua. Esto último (junto a otros inventos para la depuración del aire en las minas) le ha valido que en la Universidad Pública de Navarra le hayamos dado su nombre al edificio que aloja los Institutos de Investigación.

El palacio lleva abandonado desde los años sesenta aproximadamente. La familia de Carlos Sanz Biurrun, miembro de la Brigada Criminal y asesinado por ETA en 1979, fue la última que abandonó el señorío. Durante años fueron jornaleros en Guenduláin, y quedaron al cuidado de los edificios que estaban en pie cuando todos los demás se fueron. Al final, los padres de Carlos (Carlos, [Paquita] y María Elena), también abandonaron Guenduláin y se fueron a vivir a Cizur Mayor, en el edificio de la fábrica Urdánoz. Probablemente Carlos fuera el último niño nacido en Guenduláin.

Tras un corto pero bonito paseo hasta allí, he sentido admiración y vergüenza, al mismo tiempo, al ver el estado de este magnífico palacio, al recordar su Historia, su destrucción en la campaña militar franco-navarra de 1521 (ya que era un feudo beaumontés), al ver sus ventanas góticas, pintadas con estúpidos eslóganes (más estúpidos aún allí), su lujosa entrada y su figura imponente. Quizás el pelotazo urbanístico de Guenduláin pueda ayudar a salvarlo algún día, si el proyecto llega a ejecutarse. Por el momento, me conformo con denunciar a los mandriles que en algún momento decidieron celebrar allí una “rave dance” y decorar este gran edificio histórico con sus patéticos grafitis. ¡Idiotas!

(Artículo publicado en Facebook el 21 de julio de 2019)

Acerca de imugueta

Soy profesor de Historia Medieval en la Universidad Pública de Navarra. http://www.unavarra.es/pdi?uid=2159
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