Enfadados con el pasado

Cada vez son más las noticias que proceden del mundo de la política y que afectan a la Historia. Cada vez más políticos nos dan clases de Historia, o mejor, denuncian algún pasaje de la Historia. Algo que me parece preocupante. Hacer política con el pasado supone querer imponer una determinada lectura del mismo, lo cual tampoco es que sea demasiado extraño, toda vez que en la escuela siempre se ha enseñado una determinada visión de la Historia. Sin embargo, hoy en día las nuevas corrientes didácticas nos permiten intentar superar esos planteamientos para formar alumnos con capacidad crítica, capaces de enfrentarse a diferentes visiones de un mismo acontecimiento y de decidir de manera autónoma. Por eso no entiendo a todos los que en los últimos tiempos parecen enfadados con el pasado, por un motivo u otro.

Esta semana la anécdota la ha protagonizado un sindicato de estudiantes londinense, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos, al proponer que no se estudie más a Platón, Kant o cualquier otro filósofo blanco y europeo, por colonialistas. Me encantó el artículo de Jorge Marirrodriga sobre el asunto en El País, así que yo me ahorro otros comentarios al respecto. En nuestro país, además, tenemos ejemplos parecidos, como cuando se propuso eliminar de Barcelona el monumento a Colón –que comentó perfectamente el profesor Santacana-, la polémica en el ayuntamiento de Mijas que –como se dice ahora- se hizo viral por la respuesta sarcástica en tono condescendiente que dio el alcalde a una propuesta para cambiar el nombre de una calle que se iba a llamar Decubrimiento, pero que a juicio de un grupo opositor tenía tintes de ideología española excluyente; o en la misma línea, cualquiera de las interpretaciones condenatorias de la conquista española del continente americano, a las que Arturo Pérez Reverte respondió una vez con su sorna habitual, pero bastante cargado de razón: “mi abuelo nunca viajó a América, el que sí vino fue el abuelo de usted”.

El ejemplo navarro que primero me viene a la cabeza es el de Fernando “el Falsario”, sobrenombre que algunos han inventado para Fernando el Católico por solicitar unas bulas que justificasen la conquista de Navarra de 1512, como si el Trastámara fuese el único “falsario” de la Historia, como si nadie más hubiera hecho algo similar, ni reyes, ni papas, ni emperadores, ni presidentes.

Cada día hay más gente enfadada con éste o aquel personaje de la Historia, con éste o aquel pasaje histórico. Tanto que proponen eliminar su memoria, su rastro, su huella. Algunos (insisto, algunos) de los que braman por la recuperación de la memoria histórica -que supone la recuperación de injustos olvidos históricos- proponen al mismo tiempo desterrar la memoria de quien les ofendió, que es como establecer para la Historia una política del  ojo por ojo, pero un poco extraña: ya que tu tatarabuelo le negó la memoria a mi tatarabuelo, ahora yo te niego la memoria de tu tatarabuelo, o algo así .

En fin, no creo que debamos juzgar tan alegremente el pasado con parámetros actuales, pues está claro –como dice Jorge Marirrodriga- que cualquier personaje o hecho histórico anterior a 1900 –por poner una fecha- difícilmente resiste un examen con nuestros afinados criterios de lo políticamente correcto. El ejemplo que él pone es el de Platón, que a pesar de ser un filósofo cuya influencia ha sido determinante en toda la Historia, perseguía a sus discípulos con una finalidad que no era precisamente docente. Por poner otro ejemplo, éste más serio, el sufragio censitario nos puede parecer una barbaridad en la actualidad, por vetar el voto de la mayor parte de la población -de todas las mujeres, para empezar-, pero hace 200 años suponía un avance revolucionario con respecto al Antiguo Régimen. Todo este tema me parece importante, porque no me gustaría regresar a planteamientos revanchistas similares a los que jalonaron la Historia de Europa y de sus orgullosas naciones durante los siglos XIX y XX. Hay que ser más preciso, más serio, más científico a la hora de valorar estos asuntos: los españoles de hoy no pueden ser responsables de lo que hicieron los españoles que viajaron a América en el siglo XVI, y los planteamientos historiográficos no pueden consistir en denunciar en la Historia todos los comportamientos no democráticos, porque no terminaríamos nunca de decir obviedades insustanciales.

Acerca de imugueta

Soy profesor de Historia Medieval en la Universidad Pública de Navarra. http://www.unavarra.es/pdi?uid=2159
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Una respuesta a Enfadados con el pasado

  1. Pascual Tamburri, Argentorato dijo:

    Sucede cuando se confunde la memoria (subjetiva, sea inocentemente o no) con la Historia (que trata de ser objetiva). Pero lo cierto es que hay unas verdades oficiales u oficiosas contra las que escribir o hablar tiene un precio … 🙂

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