Una obsesión anacrónica: dinosaurios comiendo humanos

Somos la pera. Nos encanta lo imposible. Desde que el mundo descubrió los fósiles de los grandes saurios que vivieron antes de la llegada del hombre a la tierra, nos hemos imaginado enfrentándonos a ellos, luchando con ellos, matándolos, siendo perseguidos y sucumbiendo ante ellos… algo que nunca pudo ser, pues dinosaurios y humanos nunca habitaron un mismo espacio, en lo que supone una visión anacrónica del pasado y uno de los más grandes y más habituales errores históricos.

jurassic

Nos hemos inventado todas las formas posibles para hacer realidad lo imposible, como cuenta José Luis Sanz, paleontólogo de la Universidad Autónoma de Madrid. Julio Verne hizo viajar a sus protagonistas hasta el mismo centro de la Tierra, para hallar allí dinosaurios con los que luchar. El cine envió a Jasón a lugares míticos donde también los había. Y finalmente, nuestra sociedad más moderna se inventó una manera científica de hacer posible lo imposible: hallar ADN de dinosaurio en un trozo de ámbar, y ser capaces de reconstruir genéticamente a toda una especie, eliminada de la faz de la tierra hace millones de años. Incluso en el futuro y en otros planetas el cine de ficción ha plantado dinosaurios o animales similares, haciendo lógico para nuestra mente algo que no debería serlo tanto. Insistieron en la idea con varias secuelas del primer Parque Jurásico, aunque con la primera ya habíamos captado la idea.

De los Picapiedra a la más novedosa El viaje de Arno, la tentación del anacronismo en la Prehistoria ha sido constante. Quizás no deberíamos pero… ¡Resulta tan sugerente la posibilidad…! A los japoneses siempre les sedujo la combinación, y sacaron de las profundidades del océano a la criatura Gotzila, que es una extraña especie de gigantesco dinosaurio producto de alguna mutación genética. En este caso también se plantea un posible futuro en el que aparece un dinosaurio, pero colosal, que pudiera competir con toda nuestra capacidad militar. Hay más ejemplos de películas tremendamente malas que plantean cosas similares, como Pacific Rim, donde la Tierra es atacada por muchos de estos seres, similares a Gotzila. Lo curioso del asunto es que una vez tras otra, nosotros compramos esa idea y acudimos al cine a ver cómo durante un ratito, se hace realidad algo que nunca fue.

Pero no nos engañemos, es la pasión que siempre nos generó la máquina del tiempo, el viaje por el tiempo, la incoherencia del anacronismo y sobre todo, la posibilidad de burlar las más severas leyes temporales. En los últimos meses ha triunfado en España el Ministerio del Tiempo, una serie que permite una manipulación masiva del tiempo por medio de los viajes en todas direcciones. Recuerdo la introducción en la película Moulin Rouge de toda una banda sonora anacrónica, lo que convierte al film en una historia un poco gamberra, y le aporta sin duda un cierto atractivo. Y cómo no, el sueño repetido de Bill Murray en Atrapado en el Tiempo, grandísima película que investiga la posibilidad de revivir un mismo momento hasta conseguir un objetivo: el amor.

Desde sus orígenes en el siglo XIX la máquina del tiempo ha sido una obsesión para la ciencia ficción, Mark Twain envió a un yankie a la corte del rey Arturo, y el asunto ha culminado en nuestros días con numerosísimas formas narrativas, como la bíblica Caballo de Troya en sus distintas versiones, o la exitosa serie Dr. Who. Como dijo David Lowenthal en su obra El pasado es un país extraño, la ciencia ficción es una fuente de información inestimable para estudiar nuestras preocupaciones con respecto al pasado, ya que “no está controlada por el sentido común, revela pasiones y presuposiciones que proyectan los intereses diarios en el pasado en busca de un alivio rápido”. Otra de las más elaboradas ficciones es la de Assassin’s Creed: controlando la mente de una persona en el mundo actual se puede recrear el pasado de sus antepasados, pues los recuerdos se heredarían y quedarían almacenados en el subconsciente, aunque sin tener acceso a ellos de forma voluntaria.

Son nuestros miedos y nuestros deseos los que se reflejan en esas formas ficticias de representación de un pasado en el que nos enfrentamos a nuestros peores monstruos. Pero recordemos que se trata de un imposible y no se asusten, los dinosaurios no existen.

Acerca de imugueta

Soy profesor de Historia Medieval en la Universidad Pública de Navarra. http://www.unavarra.es/pdi?uid=2159
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Una respuesta a Una obsesión anacrónica: dinosaurios comiendo humanos

  1. Marta dijo:

    Me encanta.

    Me gusta

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